Golpes catalanes

Está Facebook inundado de posts, noticias y comentarios contra la Policía y la Guardia Civil. Supongo que serán los mismos que abogan por no invertir en el Ejército o incluso proponen su abolición. Como si en el siglo XXI fuera posible solucionar todo a través del diálogo, el amor y los cupcakes rosas con purpurina.

¿Hacía falta que interviniera la Policía el 1O? Yo personalmente creo que no. Que un referéndum prohibido por el Constitucional anulaba ya de por sí el resultado. Y lo único que se ha sacado del honroso trabajo de nuestros cuerpos de seguridad han sido las imágenes que querían los nacionalistas, que tanto necesitan del sentimentalismo.

Desde hace unos meses, la opción de un referéndum con garantías convocado por el Gobierno me parecía ya la mejor solución. Ya sé que los inquilinos de un solo piso no deciden los asuntos de toda la comunidad. Sin embargo, llevamos arrastrando el tema mucho tiempo y mientras unos no callan, los otros miran hacia otro lado.

Un referéndum legal que sirviera para saber exactamente cuál es la veu del poble. En el que, por supuesto, la campaña no estuviera secuestrada por el nacionalismo y se pusieran sobre la mesa las consecuencias de la independencia. Igual es la única forma de darnos voz a esa mayoría silenciosa de la que a veces se habla. De esos millones que ayer no fuimos a votar. De los que callamos con frecuencia, con una sonrisa educada, para no romper lazos con familiares y amigos. Porque cuando no nos hemos callado —hubo un tiempo en el que confié ingenuamente en que participar en política de forma directa cambiaría las cosas—, hemos perdido amistades y no hemos ganado nada más que burlas en nuestra propia tierra y respuestas de silencio por parte del Gobierno central.

Pero bueno. Volvamos al 1O.

Una de las cosas más graves de ayer es la desobediencia de los Mossos y su deslealtad hacia todos los catalanes. Tenían órdenes judiciales de precintar colegios e impedir la votación. No lo hicieron porque están al servicio de un solo partido político. Y no voy a entrar a qué me recuerda eso.

Me duele la falta de respeto total por parte de civiles hacia la Policía. Te han avisado de que estás cometiendo un acto ilegal y la Policía está allí para impedirlo, cumpliendo órdenes dadas por los jueces. ¿Por qué te empeñas en pasar cuando te dicen que no? ¿También os saltáis en masa los controles policiales en los aeropuertos? ¿Creéis que, si lo hicierais, os cogerían de la mano y os dirían ‘Oye, guapos, que tenéis que acatar la ley, venid y a cambio os daremos unos caramelitos’? ¿Por qué te abalanzas hacia ellos? ¿Y por qué los buscas? ¿Por qué les escupes? ¿Con qué derecho se les tira una silla o una valla o piedras?

Además, se suponía que era trabajo de los Mossos —número mayor que la Guardia Civil y Policía Nacional juntos— y que ellos estaban de apoyo. Pero los Mossos fallaron y los otros Cuerpos se tragaron el marrón de una orden dada en unas condiciones muy complicadas. Hoy es el día de los Ángeles Custodios, día patronal de la Policía. Quisiera también desde aquí agradecer a todas las fuerzas de seguridad su dedicación y su trabajo, abucheado y menospreciado, en una jornada tan triste como la de ayer.

Habrá quien se lleve las manos a la cabeza para decirme ‘¡Pero es que estaban haciendo un acto democrático! ¡Se estaba votando!’ No sé qué clase de República va a ser Catalunya si no se tiene respeto por la ley, que es lo que nos asegura la democracia y el estado de Derecho.

Y que no me salga ahora nadie a contarme que hubo un tiempo que las mujeres no podían votar. Porque viene muy bien de ejemplo: había algo que creían injusto —lo era— y fueron capaces de cambiar la ley. No se reunieron unas cuantas y se presentaron en las urnas. Hay unos mecanismos que seguir y respetar. Por otra parte, es un símil equívoco: las mujeres tenían menos derechos por su condición de tal. Los independentistas tienen los mismos derechos que cualquier otro español, solo que quieren tener otros distintos.

Me encuentro con gente que ahora clama al cielo al ver heridos y que no denunció en su momento las cargas de los Mossos en el 15M. Me refiero a conocidos míos. Sí que hubo entonces denuncia contra los Mossos. No obstante, se abordó como un problema estrictamente policial, mientras que ahora se presenta como prueba de un estado represor de la expresión popular. Pero qué más da. También está lleno de independentistas escandalizados con el Brexit. El nacionalismo es así de caprichoso. Y, como es obvio, condeno yo también los excesos: entre no usar la fuerza y usarla en demasía, existe un punto medio.

Aún así, pese a la baja participación —participación falaz, por cierto, con personas que votaron hasta cinco veces y otros que lo hicieron con DNI falso—, Puigdemont ha tenido la indecencia de comentar los resultados y llenarse la boca con una pronta declaración de independencia.

En paralelo, en una rueda de prensa tardía, nuestro presidente no tuvo nada mejor que decir que hay que reflexionar y dialogar más. Mire, Mariano, somos muchos catalanes que nos sentimos abandonados —desde hace años, pero ahora más que nunca— y usted no ha sabido estar a la altura. Márchese. Y espero que se aplique el 155, se persiga a los responsables del golpe y se impida, de una vez, que sigan gastando el dinero de todos para aumentar la fractura social de una tierra que amo y que es tan mía como del señor Puigdemont.

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